Culturalmente, durante siglos, se ha tendido a ocultar las emociones y, sobre todo, a reprimir aquellas que no se consideraban adecuadas para el momento o para se expuestas ante los demás. Esto ha conllevado una manera de vivir las emociones insana, que ha sido enseñada de padres y madres a hijos e hijas sin pararse a pensar cómo podía repercutir en el desarrollo de las personas. Hoy en día, se sabe que esta represión perjudica a la persona en todos los sentidos: físico, energético, emocional, mental y relacional. Veamos qué es lo que sucede al reprimir y cómo no hacerlo. 

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