Continuando con el hilo de la segunda parte de este texto, un aspecto importante incluido en el “factor amor” y no siempre bien entendido es la empatía.

   Empatía: “Capacidad de una persona de participar afectivamente de la realidad de otra”. (María Moliner) 

   Empatía: “Habilidad que permite a una persona la percepción de una situación desde la perspectiva emocional de otra persona”.

 La empatía tiene un gran valor en la Educación Emocional Infantil. Los padres que se muestran empáticos con sus hijos les enseñan a reconocer y respetar sus propias emociones y, con el tiempo, las de los demás. El niño no siempre es consciente o puede definir su emoción o sentimiento.

  Seis pasos para practicar la empatía con el niño/a:

1º. Detectar la emoción en el niño/a.

2º. Buscarla en el interior (el adulto), activarla, sentirla y reconocerla.

3º. Describir para el niño/a en forma de pregunta o reflexión lo que se cree que está sintiendo.

4º. Animarle a expresar la emoción y a hablar sobre ella.

5º. No juzgar ni quitar importancia a la emoción del niño/a.

6º. Si el niño/a no quiere hablar de ello no insistir. Con el hecho de comprenderle y respetarle en su emoción ya se está educando y dando ejemplo.

  La E.E.I. (Educación Emocional Infantil) requiere de actitudes concretas tanto en el marco familiar como en el escolar y social. Hay aspectos que favorecen y otros que interfieren en el desarrollo de una emocionalidad infantil sana y equilibrada.

LO QUE NO HAY QUE HACER CON LAS EMOCIONES: reprimirlas, juzgarlas, criticarlas, ridiculizarlas, ignorarlas, sobreatenderlas, banalizarlas.

LO QUE SÍ HAY QUE HACER:

aceptarlas, valorarlas, empatizar con ellas, comprenderlas, verbalizarlas, atenderlas, respetarlas.

  ¿A qué edad aparecen las emociones en el niño/a?

- Recién nacido: bienestar, malestar, alegría, placer e ira.

- A los cuatro meses: enfado y tristeza.

- A los seis meses: empatía, sorpresa y miedo.

- Entre 10 y 14 meses: apego, angustia, pánico.

- A partir del año y medio: vergüenza, timidez y envidia. 

- A partir de dos años y medio: culpa y orgullo. 

  A partir de los 3 años el niño puede aprender de manera sencilla la gestión de su mundo emocional. Entre los 3 y los 7 años, aproximadamente, se configura en torno al 90% de la emocionalidad de una persona.

 ¿Qué reglas hay que seguir en la educación del niño/a de manera cotidiana y continua?

1ª. Establecer reglas de conducta coherentes, claras, concisas, entendibles para el niño/a y que le den margen de acción.

2ª. Las reglas se han de cumplir y hacer cumplir siempre, salvo excepciones. La excepción no se puede convertir en la norma.

3ª. Mejor educar con refuerzos positivos (elogio, atención, contacto físico, miradas de satisfacción, premio) que con castigos. Halagar la buena conducta.

4ª. La consecuencia de no cumplir la norma ha de ser proporcional, coherente, reflexiva y educativa.

5ª. No hay que estar continuamente advirtiendo, hay que decir las cosas dos veces y si no se cumple a la tercera se pasa a la acción o consecuencia.

6ª. Para comunicarse con el niño hay que hacerlo de manera respetuosa, con firmeza y amor, suficientemente cerca para verse y escucharse e intentando colocarse a la misma altura física.

7ª. Para hacer cumplir las normas hay que intentar hacerlo desde la serenidad, no desde la ira, la desesperación, el miedo, etc. Es más efectivo comunicar cuando no se está alterado, aunque haya que esperar un tiempo.

8ª. Las normas son las normas, no deben depender de los estados de ánimo de los padres.

9ª. La violencia física no convence ni educa, sino que vence y puede llegar a quebrar la voluntad o tener el efecto contrario. Si por una situación excepcional se ha de ejercer, no debe ser humillante, excesiva, cruel, vengativa o para descargar los sentimientos del adulto, sino por una causa absolutamente justificada y en su justa medida para no dañar.

10ª. Es importante que el adulto se observe a sí mismo en sus acciones, pensamientos, sentimientos y emociones. Un adulto coherente, amoroso, firme y consciente es el mejor ejemplo para educar bien a un niño/a.

La aplicación de todas estas reglas ha de ser coherente y constante, de nada sirve su uso por parte de uno de los padres si el otro no acompaña en el proceso y tampoco tiene sentido aplicarlas unos días y otros no. El marco en el que niño/a ha de desarrollarse debe ser coherente y claro para una mejor educación e interrelación.

José Antonio Sande Martínez

Terapeuta emocional

Noray