En el centro Noray llevamos años trabajando la autoestima de las personas como parte de un programa más amplio de trabajo sobre el plano emocional. En realidad, trabajar la autoestima como una cualidad emocional individual no tiene el grado de eficacia suficiente (al menos, según nuestros parámetros), ya que dicha emoción está conectada, consciente e inconscientemente, con otros programas emocionales y mentales, creando un mapa emocional que hay que abordar de manera global.

Para comenzar, démosle contenido a una palabra tan utilizada como autoestima. Para ello, la podemos dividir en tres conceptos esenciales que la configuran: autoamor, autoconcepto y autoimagen. La suma de todo ello es lo que da como resultado el concepto más general de autoestima.

En lo referido al autoamor, se puede decir que es la actitud o la acción de amarse a uno mismo. Una persona se ha de amar por el mero hecho de existir, más allá de posición económica, propiedades, prestigios o bellezas. Uno se ama por existir, por ser. Puede sonar raro, de hecho, hay muchas personas que, en consulta, se extrañan ante la propuesta de amarse a sí mismas, ya que es algo que nunca se habían planteado o que, por una (des)educación emocional habían considerado inadecuado. Amarse a uno mismo es un acto tanto interno como externo, en el que la persona se respeta, se aprecia, se mima, se regala, se halaga, se abraza, se quiere, del mismo modo que se haría con un hijo, un amigo, una pareja o, incluso, con una mascota.

Lo que sucede es que, cuando no se ha aprendido desde la infancia que uno es digno de ser amado, esta idea puede resultar, hasta cierto punto, conflictiva. Esto tiene que ver con una idea arraigada en el inconsciente colectivo judeocristiano según la cual amarse a uno mismo es falta de humildad. Ante la petición a los pacientes de que hagan una lista de sus virtudes y defectos, hay quien solamente hace la de los defectos y sobre las virtudes responde: “¿cómo voy a hablar yo de mis virtudes?, ¡eso lo tendrán que hacer los demás!”. Hasta ese punto puede una persona negarse a ver lo que de bueno hay en ella, lo que es digno de ser apreciado, valorado y amado. Por supuesto, un niño o niña que no ha sido amado de manera sana, o que no ha recibido el buen ejemplo de los padres respecto al autoamor, también puede tener dificultades para integrar en su vida el amarse a sí mismo. Este componente de la autoestima se adquiere fundamentalmente entre los cero y los diez años.

Hablemos del autoconcepto. Se refiere a la idea que la persona tiene sobre sí misma, es decir, cómo se valora en facetas de la vida personales, familiares, profesionales, relacionales, etc. Hay personas que tienen un alto concepto de sí mismas y otras que tienen un bajo concepto de sí mismas. Esto no tiene tanto que ver con el éxito personal o profesional como con la idea que tiene la persona sobre sí misma, de si se compara con unos u otros, de sus ambiciones y objetivos vitales y la capacidad de aceptar que la vida no siempre transcurre como se tiene planeada. ¿Me considero buen o mal padre?, ¿un trabajador bueno, regular o malo?, ¿un amigo leal o desleal?, ¿una pareja equilibrada y que aporta o un desastre? Son muchos los aspectos en los que una persona puede hacerse una idea más o menos ajustada de sí misma. Ser realista en esta cuestión es fundamental, como también lo es comprender que siempre se puede mejorar y que aquellos aspectos que se perciben como defectos, se pueden trabajar para convertirlos en virtudes.

El concepto, la idea o las creencias que cada persona tiene sobre sí misma también comienzan a conformarse en la infancia. El trato que los padres y demás adultos (abuelos/as, tíos/as, vecinos/as, maestros/as) dispensan al niño, el feedback que le ofrecen, la valoración cotidiana, la crítica y la corrección justa, son aspectos de gran importancia a la hora de favorecer o perjudicar en el autoconcepto que el niño (y futuro adulto) construye de sí mismo.

La autoimagen es un aspecto fundamental de la autoestima que, además, es utilizado por la industria para crear un negocio no sólo muy lucrativo, sino también muy perjudicial. La autoimagen se refiere a la imagen física que una persona tiene de sí misma. Muchas investigaciones y experimentos han demostrado ya que la imagen que una persona tiene de sí misma no se corresponde con la verdadera imagen ni con la que otras personas tienen. Por eso, suele suceder que, cuando alguien en madurez ve una fotografía suya de juventud, se ve mejor en la foto de cómo se veía mejor en aquel tiempo, porque la fotografía ofrece una imagen mucho más objetiva que la imagen que devuelve un espejo con los filtros mentales activados. El cerebro percibe la imagen de la propia persona de manera distorsionada, en base a muchos años de comentarios de la familia y amistades, de la información que bombardea a hombres y mujeres (más a ellas) sobre la piel, los labios, los ojos, el tamaño de los pechos, etc. Los juguetes, los cuentos, los dibujos animados, la publicidad, las revistas, los maniquíes de las tiendas…, son muchos los estímulos e informaciones que crean en el cerebro filtros, ideas, creencias y prejuicios sobre lo que es adecuado o inadecuado en cuanto, a la imagen se refiere. De este modo, el cerebro está prácticamente imposibilitado para ofrecer una imagen del cuerpo de la persona libre de influencias tendenciosas, modas y gustos personales. Es muy difícil tener una buena autoimagen en el mundo occidental, donde un tipo de cuerpo y de rostro concretos es lo normalizado como bello.

La suma del autoamor (plano emocional), el autoconcepto (plano mental) y la autoimagen (plano mental) dará como resultado una autoestima u otra. Tras muchos años como terapeuta emocional he observado que hay personas con todos los parámetros trastocados, pero también hay quien tiene un buen autoconcepto y una mala autoimagen o que no se sabe amar. Todas las combinaciones son posibles y no son ni incoherentes ni incompatibles.

En el centro Noray de terapia emocional la autoestima es un tema que se aborda a diario, pues es una problemática muy común. El trabajo que se realiza no se dirige únicamente a la autoestima, porque, en realidad, tiene que ver con muchos otros factores como el miedo, la culpa, la falta de personalidad, la indecisión o la falta de asertividad. Los factores son muchos y variados y casi nunca es uno o dos. Por ello, el abordaje sobre un déficit de autoestima requiere una mirada amplia y profunda, en la que se trabaje sobre toda la constelación de programas emocionales y mentales implicados en el proceso.

Además, hay que tener en cuenta que la autoestima baja influye en muchos aspectos de la vida de la persona. Desde cómo se afronta una entrevista de trabajo hasta cómo se acerca la persona a alguien que le gusta. Son tantos los aspectos de la vida que se ven comprometidos o influidos por la autoestima que, si no se trabaja de manera adecuada, puede acabar convirtiendo la vida de una persona en un sufrimiento. Sin embargo, esta situación no resulta complicada de abordar y resolver con las herramientas adecuadas. Un buen trabajo terapéutico emocional puede sanar una autoestima baja. En Noray llevamos más de quince años trabajando estas problemáticas y muchas otras sobre el plano emocional y mental con éxito asegurado. Solamente se necesita querer cambiarlo, el saber y el poder lo ponemos nosotros. Y si juntamos querer, saber y poder…, el resultado está asegurado.

Si tienes problemas de autoestima o de alguno de sus componentes, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Te explicaremos cómo trabajarla, junto con otros aspectos del mundo emocional que tan necesario es equilibrar.