El concepto de coherencia deriva etimológicamente del latín cohaerentia, que significa “unión estrecha”. La coherencia designa “la cualidad de lo que presenta una cohesión o relación interna y global de sus distintas partes entre sí”. En el caso del ser humano esas partes son las diferentes dimensiones que lo configuran: espiritual, emocional, mental, energética y física (aunque hay más).

Os propongo un pequeño experimento para que lo hagáis ahora mismo o en cuanto podáis. Coged una pintura o lapicero de madera e intentad romperlo (no hace falta romperlo de verdad). Se puede ¿verdad? Ahora coged cuatro más y con los cinco juntos intentad romperlos..., ahora ya no se puede. Esto se debe a que la unión de la resistencia de cada uno de los lapiceros crea una resistencia y una fuerza mayores. Los lapiceros se cohesionan, se unen en coherencia y esa coherencia les dota de mayor fuerza.

Ahora que lo habéis comprobado de manera práctica vayamos a la filosofía. Cada ser humano puede presentarse en el mundo exterior con cinco formas de estar: lo que Es, lo que siente, lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Cada una de esas maneras de estar es como uno de los lapiceros, una a una pueden no tener fuerza suficiente para resistir los embates de la vida, las críticas, los juicios, las frustraciones, los desengaños... Sin embargo, cuando se vive en coherencia entre esas cinco maneras de estar, la suma del poder de cada una de ellas hace que el conjunto sea poco menos que invencible. Esta es la coherencia interior, un conjunto de fuerzas cohesionadas que dota a la persona de un poderoso eje interior. No es teoría, lo práctico cada día y he ayudado a cientos de pacientes y alumnas/os a elevar su grado de coherencia interior. Prácticamente todos lo han comprobado.

¿Cómo se alcanza esa coherencia interior? Es un proceso, generalmente largo. Para empezar hay que dejar de prestar tanta atención al mundo externo y comenzar a prestar más atención al mundo interior. Aprender a reconocer lo que nuestro Ser nos dice en cada momento, hacer conscientes las emociones y sentimientos, los programas emocionales y mentales que nos mueven. Dejar de vivir en los “por qué” y atender a los “para qué” y los “desde dónde”. Esto requiere un entrenamiento, pero poco a poco se consigue. Una vez que nos conocemos en profundidad hay que localizar la suma de miedos que crean El Miedo. Esta energía utiliza la misma estrategia de coherencia que hemos puesto en marcha. La suma de todos los pequeños, medianos y grandes miedos que nos habitan crea El Miedo, un gran miedo que no se puede romper porque su cohesión interna es tremenda. Lo podemos desmenuzar tomando conciencia de nuestros miedos y, uno a uno, irlos venciendo y disolviendo. Para esto la Terapia Floral profesional es un medio excelente, también los cursos de desarrollo emocional y de conciencia. Si vamos disolviendo miedo por miedo, entonces la cohesión del Miedo es menor, su poder disminuye y deja espacio para la otra energía del Universo, el Amor.

¡Yo no tengo miedos!, le dije a mi maestro hace diez años. Puede que alguna de vosotras o vosotros penséis lo mismo. La ignorancia es atrevida. La impaciencia es miedo, el no saber decir “no” es miedo, el orgullo es miedo, la culpabilidad es miedo, el “me gusta ayudar” es miedo, la intolerancia es miedo, la empatía sufridora es miedo, la depresión es miedo, la vida de princesas es miedo, la autocrítica es miedo... ¿sigo? La suma de nuestros miedos internos, conscientes e inconscientes, crea El Miedo.

Al tiempo que vamos disminuyendo la coherencia interna del Miedo, tenemos que ir creando la coherencia interna del Amor. Ésta se consigue atendiendo a los cinco aspectos del estar que antes he mencionado: lo que Soy, lo que siento, lo que pienso, lo que digo y lo que hago.

¿Coincide lo que hago con lo que digo?, ¿coincide lo que digo con lo que pienso?, ¿coincide lo que pienso con lo que siento?, ¿coincide lo que siento con lo que Soy? Las combinaciones son muchas. Mi consulta, y el mundo, está lleno de personas que no alcanzan un grado de coherencia interior mínimamente sano, pero que de cara al exterior son “políticamente correctas”, contenidamente educadas o reprimidamente espontáneas. Personas que, ante la vida, no son capaces o no se atreven a ser abiertas, naturales, libres. Para ganar en coherencia interior tenemos que trabajar con el Ser, reconocer lo que sentimos desde el Ser, atrevernos a pensar en función de nuestro Ser, decir lo que nuestro Ser nos dice y actuar según nuestro Ser nos propone. No tiene por qué ser siempre así, pero sí en un porcentaje elevado de nuestra vida. Cuando lo que Somos, lo que sentimos, lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos están orientados en la misma dirección, la cohesión de nuestro Ser es absoluta. La fuerza y la resistencia internas crean un eje interior imbatible, se desarrolla una fe en uno mismo, una confianza y una firmeza interiores capaz de vencer obstáculos que antes parecerían insalvables.

Os propongo una estrategia para desarrollar la coherencia interior. Fijaos en el dibujo:

El pulgar representa “lo que Soy”, el índice “lo que siento”, el medio “lo que pienso”, el anular “lo que digo” y el meñique “lo que hago”. Cuando tengáis que afrontar una situación o tomar una decisión con implicaciones personales, planteaos si hay coherencia entre lo que vais a hacer, lo que decís, lo que pensáis, lo que sentís y lo que Sois. Si a medida que vais hacia un plano más profundo se pierde la coherencia entonces quizás deberíais pensaros mejor lo que vais a hacer.

En realidad, lo más adecuado, pero también lo más complicado, es empezar por plantarse “lo que Soy” y “lo que siento” y, a partir de ahí, en coherencia, decidir “lo que pienso”, “lo que digo” y “lo que hago”. Esa sería una manera de mantenerse en coherencia interior y desarrollar ese poder interior que todos podemos alcanzar, cada uno en función de su grado de desarrollo y conciencia.

¿Siempre hay que mantener la coherencia interior? La respuesta es que no siempre se debe o se puede, dado que vivimos en sistemas de relación (pareja, familia, vecindario, sociedad) en los que necesitamos un equilibrio entre la vida interior y la vida exterior. Ahora bien, una vez encontrado ese punto de equilibrio entre lo interno y lo externo, cuanta mayor coherencia interior se tenga más conexión con el Ser interior, más fuerza, más resistencia, más certeza, más armonía, más serenidad, más evolución y más salud. ¿Alguien se negaría a recibir todos esos beneficios?