El niño mandón es aquel que, al relacionarse, trata de imponer su opinión, criterios, gustos o necesidades sin tener en cuenta a los demás, esta actitud es diferente del egoísmo, que no necesariamente recurre a la imposición. Si el niño se acostumbra a esta manera de interacción, lo puede normalizar y vivirlo como lo “natural”, enfadándose o frustrándose si no se le hace caso. El niño puede haber nacido con esta actitud o puede haber sido educado en ella por la familia o el entorno, aunque no sean conscientes de ello.

María Moliner explica que mandón o mandona “se aplica a las personas demasiado aficionadas a mandar a otras”. ¿Cómo se convierte a un niño en mandón? El niño, de manera natural, suele ser egocéntrico y egoísta, esto es algo que ha de ir evolucionando y cambiando a medida que se desarrolla. Si el sistema familiar refuerza su tendencia egoísta y egocéntrica, entonces los programas emocionales y mentales que el niño integra son del tipo: “yo soy lo más importante”, “yo soy el centro de atención”, “todo el mundo me hace caso”, “tengo derecho a exigir y los demás deben obedecer”, etc. Esto sucede cuando en la familia no se le ponen límites al niño, todas sus peticiones son aceptadas, los caprichos y comodidades son concedidos permanentemente y no se le dice “no” ante demandas que él mismo puede realizar, aunque también puede ser una actitud innata.

¿Quiénes favorecen el desarrollo de esta actitud en el niño? Padres o familiares excesivamente serviciales, sobreprotectores, sometibles, compensadores del tiempo que no dedican al niño, incapaces de poner límites, con sentimiento de culpabilidad, aquellos que le dan todo al niño para que les dejen tranquilos, etc. Esta manera de educar a los hijos, con escasa conciencia sobre las consecuencias a nivel emocional, mental y conductual, puede transformar al niño en un “pequeño tirano”, que crece pensando que los demás están ahí para servirle, porque esa ha sido su experiencia en los primeros años de vida. Una vez creado el programa emocional, el niño siente que está en su derecho de exigir, no solo a su familia, sino también entre sus amigos, intentando imponer su criterio, gustos y necesidades sobre los demás. También se puede dar la circunstancia de que el niño, en la escuela, se comporte de manera equilibrada y en la casa sea mandón y exigente, eso ocurre porque ellos saben muy bien dónde y con quién pueden imponerse y dónde y con quién no.