Hace años, cuando tomé contacto con el mundo de la Terapia Floral, ésta era algo desconocido y misterioso. Veinte años después las cosas han cambiado mucho, ahora la Terapia Floral es más conocida, a muchas personas les suena eso de “flores de Bach”. En este marco de desarrollo creciente, de abundancia de información, de recursos y de esencias florales, hace unos años surgió, para mí, una nueva luz, un nuevo elemento de referencia que, sin saberlo en aquel momento, me llevaría a recorrer un nuevo “camino floral”. Estoy hablando de las esencias florales de “La Canción de Eva”.

Este set de doce esencias florales, profundamente vinculado con el trabajo sobre el inconsciente colectivo femenino, es una pequeña joya entre las decenas de sistemas florales que se han ido desarrollando a lo largo de los últimos treinta años. Doce esencias, doce representaciones arquetípicas, doce trabajos del alma que este sistema permite realizar de una manera tan sencilla como efectiva.

No soy elaborador de esencias florales, solo soy maestro y terapeuta floral, con esto quiero decir que no alcanzo a comprender en profundidad cómo Eduardo H. Grecco ha conseguido conectar con toda la información que estas esencias simbolizan, lo que sí puedo afirmar con convicción es que los trabajos que permiten hacer a los profesionales y a las pacientes es realmente profundo y efectivo. Y para ello, como profesionales, es mi opinión que los terapeutas deberían formarse y profundizar en el uso de estas esencias, no solo por una cuestión técnica, sino también por la belleza de los contenidos simbólicos y por ser capaces de reconocer el poder de “La canción de Eva” en toda su extensión.

El uso de estas esencias puede realizare en varios niveles de profundidad y conciencia. Habrá quien con la referencia que el propio Eduardo Grecco hace en el librito explicativo que acompaña al set floral tenga suficiente, pero también habrá profesionales y amigos de la Terapia Floral que, como yo, quieran beber de la fuente original de donde nacen las esencias, al menos a nivel conceptual, y para ello hay que realizar un largo viaje en el tiempo de 4.000 años, hasta el año 2.000 antes de nuestra era, donde probablemente empezaron a gestarse las leyendas e historias que mil quinientos años después darían forma a la mitología griega. Esto es lo fascinante de “La canción de Eva”, que a parte de hacer su trabajo en la paciente, nos permite un viaje en el tiempo y en el inconsciente, tomando contacto y conciencia de aquello que dio forma a nuestro inconsciente colectivo. Historias de diosas y mujeres, de amores y traiciones, dramas humanos y divinos que aún hoy se repiten una y otra vez en lo cotidiano y en la ignorancia de sus significados profundos.

¿Cómo puede ser que hoy, cuatro mil años después del tiempo en que aquellas historias se contaban a la luz y el calor del fuego en los hogares, las mujeres sigan viviendo las mismas experiencias? ¿Es que no ha cambiado nada en nuestra psique? ¿No hemos evolucionado? Una cosa son las herramientas, la tecnología, los aspectos materiales de nuestra existencia, otra diferente nuestro ser interior, nuestra alma y los caminos que ha venido a transitar. Nosotros, con todo nuestro desarrollo exterior, no podemos escapar del “drama de la existencia” nada más que a través de los procesos internos, dirigidos a ampliar nuestra conciencia. Para ello, la humanidad ha ido recorriendo caminos de desarrollo interior a través de diferentes disciplinas. Una son antiquísimas, otras son novísimas, pero en el fondo, como decían los romanos “nihil novum sub sole”, “no hay nada nuevo bajo el sol”. Los decorados de la película cambian, pero el argumento siempre es el mismo, el drama humano, no como algo penoso y triste de vivir sino como una trama en la que el hilo de cada vida se enreda en el de muchas otras vidas y se hace necesario desenredarlo para poder vivir en armonía y libertad. Para resolver esa trama hay que conocer los entresijos del guión, la letra pequeña, las notas al margen, los apuntes finales, todos esos pequeños detalles que forman parte de la vida aunque no sepamos leerlos. Aquí se sitúa “La canción de Eva”.

En mi experiencia profesional y personal, que comenzó como paciente de Terapia Floral en 1993, uno de los grandes momentos profesionales ha sido el encuentro con “La canción de Eva”, no solo por las esencias florales en sí, sino por todas las profundas implicaciones que conllevan cuando uno se atreve a profundizar en su significado, lo mucho que se aprende sobre el mundo femenino y sus tramas internas.

Dada mi tendencia eminentemente práctica, no me gusta plantear problemas sino dar soluciones, así que cuando “La canción de Eva” entró en mi vida, no pude dejar de aprovechar la oportunidad para profundizar en busca de la fuente original que me acercase más a la comprensión. De esa curiosidad apasionada nace el libro “Arquetipos femeninos y esencias florales La canción de Eva” y el curso del mismo nombre que en los últimos años he impartido; curso y libro que, junto con el set de esencias de “La canción de Eva”, han representado un gran movimiento en mi labor como terapeuta, como formador, como escritor y como persona.

Espero que esta breve reflexión sobre mi encuentro con “La canción de Eva” inspire vuestra curiosidad y os anime a acercaros a estas esencias florales tan especiales como efectivas. Un gran abrazo a todos los miembros de la familia floral.