La vida se basa en muchas reglas y patrones que se aplican para poder transitarla. Estas reglas son aprendidas, desarrolladas y/o aplicadas por las personas de manera más o menos consciente y hay quien hasta se dedica a plasmarlas por escrito en beneficio propio y para los demás. Este es el caso de la regla R.E.C., regla que desarrollé hace años y que suelo recomendar a pacientes de terapia individual y alumnado como un criterio de relación con los demás que facilita la fluidez, la interacción y la toma de decisiones.

  R.E.C. son las siglas de Respetar, Entender y Compartir, y es una regla que se puede seguir para relacionarse con otras personas, sobre todo cuando hay falta de entendimiento, cuando hay que aprender a poner límites y en otras circunstancias que explicaré en este artículo.

"LA VIDA SE BASA EN MUCHAS REGLAS Y PATRONES QUE SE APLICAN PARA PODER TRANSITARLA"                                                                                                                

  Las relaciones interpersonales, ya sea en el ámbito personal, familiar, laboral, social, etc., son el medio en que las personas crecen, ponen a prueba su manera de entender la vida, evolucionan, incluso entran en conflicto. En este ámbito, hay personas que no saben desenvolverse o les cuesta mucho, para eso se pueden adoptar una serie de reglas cuyo aprendizaje y aplicación facilitan mucho relacionarse de manera más asertiva, fluida y sana. En los cursos de desarrollo emocional, en los de Terapia con Flores de Bach y lo largo de mis libros y artículos voy ofreciendo reglas para jugar al juego de la Vida de una manera más eficaz y menos dolorosa, reglas como: el arco del triunfo, no luches contra el defecto, dolor y sufrimiento, el arte de tomar de decisiones, culpabilidad y responsabilidad y muchas otras. Pero hasta ahora nunca había plasmado por escrito la regla R.E.C., aunque es una de las que más recomiendo. Vamos a ello.

Respetar. En la regla R.E.C., la palabra respetar significa escuchar, atender y aceptar interiormente las razones de otra persona para sentir lo que siente, pensar lo que piensa, decir lo que dice o hacer lo que hace. Ese respetar consiste en recibir la información y permitir que ésta entre en el cerebro sin juicio previo ya que, aunque a la persona le pueda parecer absurdo, surrealista o increíble, para la otra persona puede ser absolutamente real (o creer que lo es). Se podría concretar en la frase: “yo tengo mis razones y esta persona tiene las suyas”, de modo que se mantiene una actitud receptiva al discurso del otro, sin oponerse a recibir la información y sin negarla de antemano o descartarla únicamente porque no se corresponde con los propios parámetros.

“YO TENGO MIS RAZONES Y ESTA PERSONA TIENE LAS SUYAS”

Entender. En la regla R.E.C., la palabra entender implica tratar de encontrarle el sentido a lo que la otra persona plantea. Este sentido puede que únicamente exista en el mundo de la otra persona y que uno o una lo perciban como un sinsentido, como algo que queda fuera de la propia lógica interna de quien recibe la información o la situación. No se trata de ponerse en el lugar del otro, porque, a fin de cuentas, sigo siendo yo quien me pongo en la otra posición, así que sigo teniendo la misma manera de percibir, filtrar e interpretar la situación. Se podría concretar en la frase: “si yo no fuera yo, sino la otra persona, con su manera de entender la vida, ¿cómo vería esta situación?”. Si yo soy el otro y tengo su programación emocional y mental, percibiría y entendería la situación de la misma manera que la otra persona, porque sería la otra persona.

Compartir. En la regla R.E.C., la palabra compartir tiene que ver con el hecho de que se está de acuerdo con la manera de ver las cosas de la otra persona, de modo que se comparten los argumentos, la forma de entender la situación e, incluso, la manera de actuar. Se podría concretar en la frase: “lo veo igual que tú, comparto tu manera de entenderlo o hacerlo”.

Bien, ya sabemos las tres reglas: Respetar, Entender, Compartir. ¿Qué podemos hacer con ellas?

Hay diversas combinaciones, entre las que quiero destacar las de:

  • No respeto, no entiendo, no comparto.
  • Respeto, pero no entiendo ni comparto.
  • Respeto, entiendo pero no comparto.
  • Respeto, no entiendo pero comparto.
  • Respeto, entiendo y comparto.

La primera se refiere al hecho de que, de partida, no respeto tu perspectiva, es decir, que no quiero ni siquiera valorarla y, por supuesto, ni la entiendo ni la voy a compartir. Creo que esta opción es inadecuada porque no permite a la otra persona expresar su punto de vista.

La segunda la podemos valorar como más constructiva, en cuanto que la persona atiende a las razones del otro u otra, pero no necesariamente ha de entenderlas ni compartirlas.

La tercera nos dice que se respeta y se entiende el punto de vista de la otra persona, pero que no se comparte.

La cuarta implica respetar y compartir, aunque para ello no es necesario entenderlo.

  Y la quinta implica que se comparte el punto de vista, se entiende y se respeta.

  Mientras que la primera opción lleva al desencuentro, las otras cuatro tienen en común que se respeta la perspectiva (o las razones) de la otra persona, lo que debería ser siempre un punto de partida. A partir de ahí, a partir del respetar, entender y compartir no son mejor o peor opción, son lo que son, porque no siempre es posible entender al otro (muchas veces el otro no se entiende a sí mismo) y, a menudo, no se comparte el punto de vista. Incluso, se pueden comprender las razones del otro, porque se es capaz de pensar y sentir como la otra persona durante un tiempo, pero no necesariamente hay que entenderla.

“LO QUE TE PIDO ES QUE LO RESPETES”

Así que, se comparta o no, se entienda o no, la opción de respetar (como se explica más arriba) ha de estar presente en las relaciones e interacciones.

Pero vamos a lo que más suele interesar a los pacientes, sobre todo a los vulnerables, ¿cómo aplico la regla R.E.C. con los demás?

  Aquí permitidme ir directo a la cuestión (aunque hay quien me tacha de radical, yo prefiero decir que soy firme). Cuando queráis que alguien os trate de manera educada y adecuada, cuando tengáis que poneros en vuestro lugar y poner al otro en el suyo (ver artículo Estar en mi centro) os propongo lo siguiente: por un lado le explicáis las cosas una vez y con claridad (no hace falta repetir si no lo quiere entender) y utilizáis el siguiente argumento: “no te pido que me entiendas, tampoco te pido que lo compartas conmigo, lo que te pido es que lo respetes”. Con esto, si es posible, os despedís y dejáis que la otra persona digiera la información. No os quedéis a ver si lo entiende o si lo respeta, dejadla sola y que el proceso siga adelante. A buenos entendedores, con pocas palabras bastan. Y si es un mal entendedor…, quizás es que esa persona sobra en tu vida. Y no es radicalismo, es pragmatismo.

Noray Terapia Floral

José Antonio Sande Martínez

Terapeuta emocional con Esencias Florales