EGO
Ego y consciencia acompañan a toda persona desde el nacimiento hasta la muerte. El ego es un compañero fiel que cree conocer lo que es necesario para la supervivencia y lo impone una y otra vez, como una pulsión inconsciente que la persona confunde con su naturaleza y su voluntad interiores. En este sentido el ser humano se encuentra sometido a multitud de condicionantes egóicos, conscientes e inconscientes, que hacen de él un muñeco en manos de los instintos, las emociones, los sentimientos, las creencias, las ideas, los reflejos, los impulsos, las reacciones, las compulsiones y obsesiones, los condicionantes del inconsciente familiar y colectivo y las influencias astrológicas y kármicas. Todo esto sin olvidar la estructura egóica en sí misma, que contribuye a la construcción del mundo de ilusión en el que cada persona vive en la creencia de que es libre y dueña de sus decisiones y acciones. Sin embargo, lo que cada persona contempla y percibe como su mundo es sólo su realidad, que le atrapa en una celda tan amplia y sutil que no es fácil llegar a percibir los muros, los barrotes y las puertas cerradas. Esa realidad se convierte en identidad y suele ser llamada yo, es el tan recurrente “yo soy así (y no puedo cambiarlo)”.

YO Y SER INTERIOR
¿Es más auténtico el yo egóico, el instintivo, el karmico, el astrológico, el trascendente…? El punto de partida para la disolución del ego es que el yo vinculado al Ser Interior es el más cercano a la naturaleza profunda, a la esencia misma de la persona. Esta premisa refleja la posibilidad de alcanzar la verdadera libertad a través del reconocimiento del Ser Interior. Quien dota de libre albedrío al ser humano es su naturaleza trascendente y su Ser Interior. Éste, como proyección de la Consciencia Creadora, sí puede acceder a la libertad, ya que su potencial de conexión con la Totalidad es el que permite el despertar de la consciencia a lo Trascendente, la más amplia y profunda libertad que se puede alcanzar.

IGNORANCIA Y MIEDO
La finalidad del ser humano no es únicamente existir. Para existir no hace falta la consciencia del Ser Interior, ni la consciencia de lo Trascendente. Todas y cada una de las personas que habitan en el planeta son almas en proceso, algo más que la mera existencia. Almas jóvenes y almas viejas que se reencarnan en sucesivas existencias hasta regresar a la Consciencia Creadora. En otros textos habéis podido leer: “Lo que no es Amor es Miedo, lo que no es Miedo es Amor”. Ahora podemos ver el verdadero trasfondo de esa enseñanza: “Lo que no es Amor es Ignorancia, lo que no es Ignorancia es Amor”. Pero... ¿ignorancia de qué? Ignorancia como desconocimiento de la Verdad que reside en el Campo de lo Trascendente y del Amor. El ser humano tiene en su esencia los medios para avanzar desde la densidad de la Ignorancia y el Miedo hacia la sutileza infinita de la Sabiduría y el Amor. La herramienta fundamental es la Consciencia. Todo el mundo dispone de su propio banco de trabajo (la vida) y de sus herramientas (las experiencias vitales y las emociones y los sentimientos que las acompañan). La capacidad de crear con esas herramientas está en función del grado de consciencia que el alma aporta a la persona y de la voluntad consciente que se ponga en marcha.

EDAD DEL ALMA
Cada persona vive en su mundo, que nunca es igual al mundo de los demás, aunque haya similitudes. Ese mundo, totalmente personal, determina y está determinado por el grado de consciencia. Ésta, con sus características y sus limitaciones, está definida por múltiples factores culturales, educativos, sociales, experienciales, etc., pero lo que define profundamente el grado de consciencia de una persona, al menos en su punto de partida, es la edad del alma y las existencias y experiencias vividas por la misma, por eso hay almas más jóvenes, almas más avanzadas y almas más viejas.

¿De qué depende el nivel de consciencia? A mi entender el primero y fundamental de los factores es la edad del alma, y el segundo el desarrollo que se haga de esa consciencia a lo largo de la vida presente. Cada alma que se encarna trae consigo su propio nivel de consciencia y la persona, a lo largo de su vida, ha de ir despertando dentro de sí esa consciencia hasta que se despliegue en todo su potencial. A partir de ese punto se inicia, no el despertar de la consciencia, sino el desarrollo de la misma, contribuyendo así la persona a nutrir al alma en su proceso de evolución.

VIVIR EN CONSCIENCIA
Cuando una persona no sigue los dictados de su alma termina por desarmonizarse y enfermar. Lo mismo sucede cuando no vive en el nivel de consciencia que le corresponde. Al vivir “en consciencia”, cada lección integrada amplía la consciencia sobre la vida y permite comprenderla un poco más, evolucionando en la relación con el yo, con lo otro y con los otros. La compresión verdadera y profunda nutre al alma y la hace avanzar en su proceso de acercamiento a la Consciencia Creadora.

BUSCAR LA VERDAD
Tres son los motores que animan la existencia de la persona: ego, consciencia y Espíritu. El ego es automático y está activo desde el momento del nacimiento. La consciencia puede ser activada en algún momento de la vida por circunstancias diversas, entre las que está el desarrollo emocional voluntario. Cuando ese momento llega y se consolida, el siguiente paso natural es el desarrollo de la intraconsciencia, es despertar al Espíritu. Después de contemplar el yo, lo otro y los otros, la mirada ha de dirigirse más allá, a lo profundo que mora en la estructura interna de la existencia, allí donde el ego ha de diluirse y donde la consciencia ha de mostrarse humilde para encontrar la Verdad. La Verdad lleva a la Libertad, pero esa Verdad no se encuentra fuera, del mismo modo que la Ignorancia tampoco se encuentra fuera de cada uno sino en lo más profundo del ser, impidiendo el acceso al Ser Interior. Para dejar atrás la Ignorancia que esclaviza es necesario evolucionar la consciencia que lleva al reconocimiento de la Verdad y, con ello, a un mayor grado de libertad interior. No se conoce la verdad porque se es libre, se es libre porque se conoce la verdad. Y esta libertad acerca a la persona al libre albedrío que va unido, indefectiblemente, al karma.

KARMA Y LIBRE ALBEDRÍO
Y… ¿qué es el karma? El karma es la Ley Universal de causa-efecto. Una ley que rige el Universo desde su propia esencia. Implica que a toda acción le sigue una reacción siendo una la causa y la otra el efecto de dicha causa. Sin embargo, desde la perspectiva temporal humana, esta ley puede no ser percibida, ya que no siempre se producen los efectos en el transcurso de una vida. Por ello, el reconocimiento y aceptación de esta ley es difícil para muchas personas. La mayoría viven sometidas a la Ley del karma, tanto en lo personal como en lo trascendente, porque su consciencia no les permite contemplar o intuir las consecuencias de sus actos más allá de una sola existencia y, a menudo, ni en el transcurso de una sola vida. Sin consciencia no hay libertad para decidir (libre albedrío) porque se vive sometido/a a infinidad de programaciones. Es a partir de un grado de consciencia suficiente (estadio personal) cuando se es capaz de reconocer dichas programaciones y se comienza la partida de ajedrez contra el ego y el karma, dos oponentes de cuidado: el primero inteligente, fuerte, rápido, escurridizo, el segundo invisible y casi omnipotente. Con esas cualidades y unidos… ¿se les puede vencer? Sí.

Karma y libre albedrío se pueden considerar como las dos caras de una misma moneda. El karma determina los efectos, para bien o para mal (según parámetros humanos), dependiendo de la naturaleza de la causa. En la otra cara de la moneda el libre albedrío permite cambiar el karma a través de la Consciencia y el Amor. El libre albedrío es el instrumento que la Consciencia Creadora ha ofrecido a los seres humanos para cambiar los efectos perniciosos de acciones alejadas del Amor, fruto de la existencia egóica en otras vidas o en la presente. El karma no es ni bueno ni malo, es lo que es, una Ley que influye en todos los seres humanos, y el libre albedrío es la salida cuando la Ley del karma resulta perjudicial, es la oportunidad de cambiar las causas para cambiar los efectos.

La gran enemiga del libre albedrío es la Ignorancia, en cuyo seno nace el Miedo (del que nacen los excesos y las carencias), la victoria llega de la mano de la Sabiduría y del Amor, ambos aliados del libre albedrío en el transitar del alma. El primer trabajo que una persona ha de realizar es el desarrollo de su consciencia en la mayor profundidad y amplitud posibles. Después llega la comprensión profunda, el establecimiento de la coherencia interior, el tránsito hacia el Amor y el anhelo de lo Trascendente. Pero la Libertad (libre albedrío) de la que aquí se habla no es la de estar conectados con la Totalidad sino la de Ser en la Totalidad. ¿Hay mayor libertad que ser en el Todo? El hecho de ser ya es una limitación en sí misma (“ser me limita”) pero cuando se Es en el Todo ya no hay opción a más, ni anhelo de más. Se deja de ser para Ser, ese es el fin último del alma, y ese puede ser el compromiso del ser humano consigo mismo.

LA CONSCIENCIA
La consciencia es la escalera y cada peldaño está hecho de pequeñas y grandes comprensiones que se incorporan al Ser Interior en forma de Sabiduría, para lo que es necesario vivir la vida, gastarla, pues sin acción y sin experiencia la teoría y la ignorancia son casi lo mismo. Cada peldaño puede implicar una vida (o varias según las creencias). Esta escalera ha de ser descendida en un proceso de descubrimiento hasta llegar a lo más íntimo del Ser Interior, el lugar donde la esencia se manifiesta sin máscara o fingimiento, el lugar dónde la persona deja de ser para Ser y donde el ego se aparta para dejar brillar a la consciencia y al Ser Interior. No hay posibilidad de saltarse grados de consciencia, lo que sí cabe es la experiencia vital, el estudio, la comprensión, la aceptación y la aplicación. Acción interior, acción exterior, acción física, mental, emocional y espiritual. Incluso la acción de la no-acción, pero acción.

Es necesario recorrer la vida en acción, no para que lo Trascendente llegue a nosotros, sino para que nosotros lleguemos a lo Trascendente, pues ya está en nosotros desde el principio y sólo espera a que profundicemos lo suficiente como para darnos cuenta. El flujo de la existencia no es desde nosotros/as hacia lo Trascendente, sino desde lo Trascendente hacia nosotros/as. No va desde lo externo hacia el interior sino desde el interior hacia el propio interior, que es hacia donde hay que dirigir la atención consciente.

LAS CUATRO LECCIONES
Deepak Chopra, en su esclarecedor libro Conocer a Dios, establece siete maneras de comprender a Dios en función del grado de consciencia de la persona: Dios protector, Dios todopoderoso, Dios de paz, Dios redentor, Dios creador, Dios de milagros, Dios de ser puro. Cada una de estas maneras de comprender a Dios (Consciencia Creadora) está totalmente mediatizada por el grado de desarrollo de la consciencia, que no tiene nada que ver ni con la inteligencia, ni con la cultura, ni con la religión ni otros factores ajenos a la naturaleza trascendente de la existencia humana. Para desarrollar cada vez más esa consciencia es necesario acceder a las cuatro grandes lecciones de la Humanidad: la Sabiduría, la Libertad, la Unidad y el Amor, lecciones en mayúsculas que nada tienen que ver con sus pálidos reflejos egóicos: conocimiento, esclavitud, dualidad y amor. Convirtamos la experiencia en Sabiduría, la esclavitud en Libertad, la separación en Unidad y el amor humano en Amor Trascendente es el camino interior que toda alma aspira a recorrer.

Lo que es camino para el Alma es destino para el hombre. El camino para el Alma es Amor, ¿no debería ser el AMOR nuestro destino diario?