Uno de los recursos más interesantes e importantes con el que contamos en Noray Terapia Emocional para realizar nuestro trabajo es el de la “metaposición”. Este recurso se sitúa dentro nuestro sistema de trabajo “ego y consciencia”.

Según explicamos y enseñamos a los pacientes, todas las personas tienen en su interior tres ordenadores que, para funcionar, utilizan la mente y su energía psíquica. A uno lo llamamos ego, a otro consciencia y al otro Espíritu.

  La mayoría de las personas, sobre un 80% según teorías como la Dinámica Espiral del psicólogo Graves o la Escala de consciencia del psiquiatra Hawkins, viven únicamente con el ordenador ego encendido. Éste tiene como principal motor el binomio instintivo “lucha o huida”, por lo que la supervivencia es la conducta prioritaria, entendida ésta como acciones (en realidad “reacciones” no conscientes) que la persona asume creyendo que las inicia desde una expresión libre, siendo en realidad un conjunto de reacciones que sirven a un fin último: la supervivencia y la protección. Este tipo de reacciones no son identificadas como tales prácticamente nunca, salvo que sean conductas muy extremas. Se puede decir que hay personas que, desde que nacen hasta que mueren, viven permanentemente en reacción. Comprarse un coche, hacerse un tatuaje, cortarse el pelo de determinada manera o elegir una pareja son reacciones que tienen finalidades integradas en los niveles de consciencia egoicos, aunque la persona no lo pueda reconocer o lo niegue si se lo ponen delante.

"La mayoría de las personas viven en ego..."

El 20% restante de las personas se mueve, prácticamente en su totalidad, desde una mezcla de ego y consciencia, cuyo motor ya no es sólo la supervivencia, sino también la evolución, ya que ésta es la función de la consciencia: favorecer la evolución de las personas hacia un proceso de individuación.

En este sentido, mientras el ego se alimenta de excesos, carencias, miedos y estrés, la consciencia se alimenta justamente de lo opuesto: justas medidas, Amor y serenidad. Esta diferencia de alimentos entronca directamente con la estrategia de no luchar contra el defecto, sino desarrollar la virtud opuesta, otra de las reglas fundamentales del paradigma con el que trabajamos las emociones en Noray.

Y aquí llega una pregunta clave y de gran importancia para transitar el viaje del ego hacia la consciencia:

“¿Qué hay que hacer para dejar de alimentar al ego y alimentar a la consciencia?”

Para nosotros la respuesta está clara: lo primero colocarse en metaposición.

Entremos a explicar este concepto que tan importante resulta para los procesos de sanación y de evolución.

La metaposición es la acción de tomar distancia emocional y mental respecto a las propias acciones, reacciones, relaciones, sensaciones, emociones, sentimientos, pensamientos, creencias e ideas. Es un “observar desde fuera”, por eso se llama el “observador externo”. Es como si en todo momento o en momentos concretos, la persona se saliese de sí misma y se observase desde fuera o como si se viese en una película proyectada sobre una pantalla y ella fuera espectadora de sí misma.

La metaposición implica varios pasos: detención, observación, discernimiento, no enjuiciamiento, determinación y perseverancia. Analicemos cada uno.

  Al hablar de la detención obviamente no nos referimos aquí a que la persona sea detenida por una fechoría cometida, sino que se trata de que la persona sea capaz de ralentizarse o detenerse en su constante actividad, sobre todo la mental y emocional, de modo que pueda enfocar su mente, durante un tiempo, en aquello que está sintiendo, pensando y/o haciendo. El enfoque mental ha de ir acompañado de la observación, es decir, enfocar la atención en aquello que se hace, se dice, se siente y se piensa, siendo capaz de reconocer sus por qués, sus para qués y sus desde dóndes. Esta información ha de permitir y favorecer el discernimiento, el saber diferenciar si aquello que se está viviendo nace del ordenador ego (y por tanto del Miedo) o nace del ordenador consciencia (desde el Amor). El paso del discernimiento requiere bastante entrenamiento y ha de ser dado desde una posición de no enjuiciamiento. Es de suma importancia no enjuiciar la acción ni sentenciarse por ella, ya que entonces entraría en funcionamiento el ego, que es justamente lo que se trata de evitar. Se trata de observar la situación y sus razones sin emitir juicio que lo califique de bueno o malo. El penúltimo paso es el de la determinación, entendida como la capacidad de decidir, con firmeza y fuerte voluntad, que se quiere permanecer en esa situación de metaobservación, sin que nada obligue a salir de ella. Y, por último, llegamos a la perseverancia, cualidad necesaria para sostenerse o volver una y otra vez a la metaposición que favorece el despertar de la consciencia.

"La metaposición se alcanza a través del entrenamiento de la atención consciente."

  ¿Por qué metaposicionarse favorece el despertar de la consciencia? Porque hace que la persona salga de su ego, se distancie temporalmente de él y pueda situarse en una perspectiva diferente y más neutra. Durante un tiempo (minutos u horas) se puede escapar de ese agujero negro insaciable que es el ego, lo que permite la observación de esa otra parte de la persona (su ego) a la que habitualmente no se le presta atención. La persona, al ser capaz de contemplar desde cierta neutralidad sus propias reacciones, emociones, sentimientos, creencias, etc., crea un espacio entre el yo y el ego, entonces se produce una desidentificación temporal, que deja lugar para que la consciencia del aquí y ahora se active (al menos temporalmente). En la medida en que se encadenen momentos de metaposición, es posible sustraerse al ego cada vez durante más tiempo, lo que da un espacio para la consciencia.

Un ejemplo de este ejercicio de metaposición puede ser el siguiente (siempre teniendo en cuenta que es un trabajo que requiere meses de práctica). Una persona va a comprarse un coche y se plantea “¿qué tipo de coche me gusta?”, respondiéndose “me quiero comprar un coche grande y robusto, me gusta un todoterreno”. Si un amigo le pregunta “¿por qué te has comprado un todoterreno?”, la respuesta podría ser “porque es el tipo de coche que me gusta”. Se responde así a la primera pregunta que indaga en las razones de una acción.

  Pero… ¿qué pasaría si la pregunta fuese “¿para qué te has comprado ese tipo de coche?”? La persona tendría que buscar dentro de sí las intenciones profundas que le llevan a esa elección. Algo que va más allá de una predilección por una estética o un “me gusta”. La respuesta tendría que buscarse a través del para qué en la búsqueda de la intención. En este caso la respuesta de la persona podría ser “para sentirme segura”. Vemos aquí que pasamos de un “me gusta este tipo de cosas” a un “quiero sentirme segura”. El primer argumento era una razón, el segundo es una intención. La diferencia es que el primero responde a cuestiones previamente establecidas en la mente de la persona, mientras que el segundo argumento se relaciona con intenciones que la persona desea conseguir o alcanzar, en este caso sentirse segura ante posibles peligros.

  Y pasamos a la tercera pregunta, el ¿desde dónde de ti necesitas un todoterreno?, es decir, “¿desde qué programa emocional y/o mental tienes la necesidad de comprar un todoterreno?”. En este caso la respuesta podría ser “desde un trauma emocional por un accidente de coche que viví en el pasado y que hace que ahora necesite sentirme segura en la carretera”. Vemos aquí que había una razón consciente (la estética), una intención inconsciente (sentirse segura) y una necesidad emocional (sobrellevar un trauma). La metaposición permite observar y reconocer los por qués, los para qués y los desde dóndes y son los dos últimos, generalmente inconscientes, los que realmente mueven las acciones y reacciones de las personas sin que éstas sean conscientes de ello. Esto sucede constantemente, en cada elección, en cada reacción hay un por qué, un para qué y un desde dónde que mueve la vida de las personas sin que éstas sean conscientes de ello. A través de la metaposición se puede tomar conciencia de toda esta información y aprender a discernir si quien está al mando de la situación es el ego o la consciencia, pudiendo entonces decidir quién toma la decisión y qué camino hay que tomar en cada circunstancia. Como ya he dicho, se trata de un entrenamiento que requiere meses de práctica, pero que, a cambio, hace ganar a la persona en autoconocimiento, en consciencia y en libertad a la hora de dirigir su propia vida.

Cuando se practica la metaposición como una actitud ante uno mismo y ante la vida, la consciencia va incrementando su presencia. Si, además, la persona es capaz de nutrir a ese segundo ordenador con sus alimentos principales (Amor, serenidad, justas medidas y presencia en el aquí y ahora), entonces la consciencia va creciendo en detrimento del ego. No hay que olvidar que lo que no alimenta al ego alimenta a la consciencia y lo que no alimenta a la consciencia alimenta al ego.

Se trata de un trabajo interior que dura toda la vida, el ego nunca desaparece del todo (ni ha de hacerlo), ya que cumple la importante función de garantizar la supervivencia. Quien consigue discernir entre ego y consciencia y saber cuándo ha de actuar cada uno de ellos, alcanza un grado de sabiduría interior que le permitirá transitar la existencia con más serenidad interior, armonía, Amor y paz.

En cuanto al tercer ordenador, el Espíritu, eso ya es harina de otro costal. Ya se han escrito artículos sobre la cuestión (recopilados en el libro Almas en proceso) y, con seguridad, seguiremos haciéndolo. En esto, como dice el título del libro,… todos somos almas en proceso.


José Antonio Sande Martínez

Terapeuta emocional y floral

Noray Terapia Emocional