Para empezar decir, claramente, que no toda persona que utiliza Flores de Bach (u otros sistemas florales) es terapeuta floral, ya que para ello hace falta más que saber para qué sirve cada esencia. Dicho lo cual, podría empezarse por el hecho significativo de que un o una terapeuta floral es, en mi opinión, quien hace un uso consciente de las esencias florales para favorecer procesos de sanación y evolución en sí mismo/a y en otras personas. Esto puede hacerse de manera profesional, es decir, cobrando por ello, o de manera no profesional, en base a otras motivaciones (ámbito familiar o altruismo, por ejemplo), lo que no implica que dicha persona lo haga con menos conocimiento y rigor.


En mi caso comencé haciendo uso de la Terapia Floral como paciente en 1996, a partir de una crisis personal. Tiempo después seguí por curiosidad, tomándolas yo y dándoselas a personas cercanas, como un medio de exploración de aquellas esencias de flores que “movían las emociones”. Debo admitir que mis principios, antes de formarme profesionalmente, eran un juego ingenuo, como el niño que intenta arreglar su coche de juguete con las herramientas del taller mecánico de su padre o madre. “Con esas herramientas se puede hacer mucho más que jugar”, le diría a mi yo del pasado. Y, efectivamente, tuve la fortuna de aprender de verdad, lo que dio un giro a mi vida, ya que me llevó a un proceso de evolución que más de veinte años después sigue en activo.

Una formación mínima (y así se hace en el centro Noray Terapia Floral) no debería ser menor de unas doscientas horas más un tiempo de prácticas.

Para que una persona se convierta en terapeuta floral ha de formarse en alguna de las diferentes líneas o filosofías de trabajo con esencias florales. Personalmente creo que es bueno comenzar por las Flores de Bach, ya que son la base de toda la Terapia Floral, pero también es cierto que si se estudian otros sistemas de manera profesional y honesta se puede llegar a similares resultados. Una formación mínima, siempre según mi opinión (y así se hace en el centro Noray Terapia Floral), no debería ser menor de unas doscientas horas más un tiempo de prácticas, ya que no sólo se trata de adquirir unos conocimientos, sino que es fundamental realizar un proceso interior de desarrollo y evolución de la consciencia y esto no se logra en unas pocas horas.


Así que ya tenemos una formación, unas prácticas y un desarrollo interior. Con estos mimbres podemos empezar a trenzar el cesto de la actividad como terapeuta floral, como persona que, desde un grado de consciencia trabajado, ofrece su sabiduría y su técnica para acompañar, fomentar, trabajar, etc. la salud (física, energética, emocional, mental y espiritual) y la consciencia de otras personas, de una manera responsable, honesta, consciente y coherente, al menos todo lo que se pueda, ya que los terapeutas también tienen sus defectos y sus virtudes. A partir de aquí el/la terapeuta floral puede convertirse en profesional o no, pero será alguien que por su sabiduría, consciencia, experiencia, perspectiva, estudio y comprensión de la dimensión emocional humana, podrá acompañar a quien lo requiera en sus procesos de sanación y evolución.


El proceso de convertirse en terapeuta continúa, en realidad, toda la vida, y puedo decir que es sumamente enriquecedor emocional, intelectual y espiritualmente para quien ejerce esta actividad. El contacto con la gente, la posibilidad de conocer cómo sienten, cómo viven los demás, aporta una visión de la vida profunda, relativista y comprensiva. A medida que se profundiza, que se llega más lejos, que se comprenden mejor lo mecanismos internos de la vida emocional y mental, se produce una transformación en el/la terapeuta que le hace crecer como persona y como terapeuta, lo que influye tanto en ella/él como en las personas que reciben dicho servicio, incluso en quienes rodean a la persona, porque el cambio interior se irradia, ayudando a transformar a otras personas y al inconsciente colectivo.


Ser terapeuta floral es un beneficio personal y una responsabilidad hacia aquellas personas a las que se sirve, por ello quien se prepara para tal función ha de tener clara la diferencia entre “dar flores” y “hacer terapia”, así como comprender el grado de compromiso que asume hacia los demás y hacia la sociedad a través de la transformación del inconsciente colectivo.

No tengo la más mínima duda de que mi vida, sin las Flores de Bach y sin la Terapia Floral, no sólo hubiese sido diferente sino más pobre, aburrida y egoica.

Para finalizar comentar mi experiencia personal como terapeuta floral. Mi relación con la Terapia Floral comenzó en 1996 cuando una crisis existencial me llevó a su uso. Continuó durante algunos años como estudiante autodidacta. A partir del 2004 comencé a formarme como profesional, y en el año 2007 abrí mi primera consulta. Han transcurrido veintitrés años utilizando Flores de Bach y otros sistemas florales para mi propio beneficio emocional y doce años de uso profesional. En cuanto a los pacientes que he tratado rondan los dos mil quinientos, un noventa por ciento mujeres, con un total aproximado de cincuenta mil horas en consultas. Todo ello ha sido una experiencia personal y profesional de tan grandes dimensiones que me es imposible valorar los beneficios personales, emocionales, mentales y espirituales. Me ha hecho crecer como persona, como profesional, como mente y como alma, me ha llevado a la comprensión profunda de la emocionalidad humana, me ha inspirado para escribir, hasta ahora, una decena de libros, me ha permitido conocer a personas de todo tipo y condición y me ha ayudado a conocerme a mí mismo mejor que si hubiese pasado por la vida sin conocer esta terapia tan enriquecedora, ¿qué más se le puede pedir a una pasión, un trabajo y un servicio hacia los demás? No tengo la más mínima duda de que mi vida, sin las Flores de Bach y sin la Terapia Floral, no sólo hubiese sido diferente sino más pobre, aburrida y egoica. Doy gracias a la Providencia y a mis maestros y maestras por haberme mostrado este camino.


Os dejo el decálogo sobre Terapia Floral creado hace unos años por el alumnado de los cursos para formar a profesionales de esta Terapia Natural. Espero que os resulte esclarecedor de aquello que en Noray ofrecemos y fomentamos desde hace más de una década.


Decálogo para terapeutas florales:
1. Comprender y aceptar la actividad de terapeuta floral como un proceso integral de evolución personal, mental, emocional y espiritual.
2. Ejercer la práctica terapéutica de manera ética, honesta, sincera, humilde, comprensiva, compasiva, tolerante y amorosa.
3. Practicar la coherencia interior en el desarrollo de la propia vida y transmitirla como una cualidad a desarrollar en las usuarias/os.
4. No aceptar en la consulta a aquellas personas con las que no se está en situación de trabajar, sea por cuestiones profesionales, personales, emocionales, energéticas, éticas, de capacitación, etc. Derivar a otros/as profesionales.
5. Ofrecer un servicio profesional, digno y respetuoso con la filosofía trascendente de la Terapia Floral y el poder sanador de las esencias florales. La Terapia Floral no sólo es una técnica sanadora llena de belleza en sí misma, también ha de reflejarse en la atención a las personas, en ambientes agradables, acogedores y limpios, en el uso de frascos, bolsas, botellas y fichas de trabajo cuidadas y bien presentadas.
6. Favorecer la difusión de la Terapia Floral como una Terapia Natural orientada tanto al trabajo sobre la salud como para el desarrollo de la consciencia y la espiritualidad.
7. Conducirse de manera profesional. Para que el trabajo con la Terapia Floral sea considerado como una profesión las personas que ofrecen esta terapia han de ser verdaderas/os profesionales en todos los sentidos de la palabra.
8. La creación y difusión de material de propia elaboración debe estar fundamentado en el estudio y en procesos internos de desarrollo de la consciencia, ampliando así la visión de la Terapia Floral desde el rigor y el Amor.
9. Darle a la Terapia Floral y al trabajo realizado por el/la profesional el valor que se merecen. Todo trabajo ha de ser retribuido en su justo valor, tal y como lo considere y sienta en consciencia la persona que ofrece el servicio, teniendo en cuenta su experiencia, formación, esfuerzo, evolución personal, gastos, etc.
10. Utilizar las esencias florales en los propios procesos de evolución, acompañando a otras técnicas y vías de desarrollo y probando en primera persona sus efectos y beneficios. Todo/a terapeuta debe tener su propio/a terapeuta.


Espero que esta reflexión sobre lo que significa ser terapeuta floral os ayude a tener una visión más clara tanto de la técnica como de lo que es esperable de aquellas personas que la ofrecen para el bien de los demás. Al menos así es como la vive el que esto escribe.


José Antonio Sande Martínez
Noray Terapia Floral