Para empezar decir que, introducido el término “salud paliativa” en Google, lo que se pueden ver son conceptos como “medicina paliativa”, “cuidados paliativos”, “sedación paliativa” o “atención sanitaria paliativa”. Por ello me veo obligado a dar una definición para poder hablar sobre ello.

Consultado mi apreciado Diccionario de uso del español María Moliner, paliativo deriva de paliar, cuyo significado es: 1. Encubrir o disimular. 2. Aliviar el padecimiento causado por una enfermedad o cualquier efecto de ella.

Defino salud paliativa como “el estado de salud que se alcanza como consecuencia de aliviar, encubrir o disimular el padecimiento causado por una enfermedad o cualquier efecto de ella”.

Mientras que la salud preventiva es “el estado de salud que se mantiene como consecuencia de adquirir y conservar hábitos, actitudes y acciones que fomentan un estado físico, emocional, energético, mental y espiritual equilibrado y armonioso”.

En ambos casos se trata de un estado que afecta a la persona en sus diferentes dimensiones, sin embargo, en el primer caso (salud paliativa) se hace para sanarse y en el segundo (salud preventiva) se hace para mantenerse sano, dos concepciones diferentes de salud con connotaciones dispares.

A lo largo de los años, como deportista y como terapeuta, he podido escuchar en incontables ocasiones frases como: “yo aguanto hasta que no puedo más, y entonces voy al fisioterapeuta”, “esto o lo soluciono yo sola o puede conmigo”, “lo de ir al terapeuta (o psicólogo) es para locos”, “yo no necesito terapia, esto lo arreglo yo por mis cojones (u ovarios)”, y así, decenas de alusiones a poder uno solo o esperar hasta que sea insoportable. Desde mi punto de vista, estas actitudes demuestran una falta de cultura de la salud, una pena, porque hasta en la cultura popular existe el dicho “más vale prevenir que curar”. Aunque parece que muchas personas lo que han entendido es “más vale aguantar que pagar”.

Pues bien, llevo diez años ayudando a personas con desarmonías emocionales y mentales y de otra índole, muchas de las cuáles han hecho un periplo por profesionales cuyo modelo de sanación es tomar pastillas; en el caso de otras han empleado varios años de su vida en intentar solucionar ellas solas situaciones internas o externas que un profesional cualificado hubiese solucionado en un tiempo considerablemente menor. ¿Dónde está el ahorro de tiempo, energía y dinero? Esta semana una paciente que llevaba veinte años sufriendo por una situación emocional me dijo: “si llego a saber que se puede solucionar en tan poco tiempo lo hubiese hecho antes”. Veinte años para tratar de solucionar una cuestión que, con un buen proceso terapéutico con Flores de Bach, hemos empezado a mover en cuatro semanas y que en el plazo de meses va a quedar solucionado por completo. ¿Para qué esperar si se tiene al alcance de la mano la solución?

Un alto porcentaje de la sociedad está instalada en la enfermedad mantenida y cronificada por un sistema antiético, otro alto porcentaje vive en un modelo de salud paliativa y solo un porcentaje pequeño ha incorporado a su vida la idea de atenderse, cuidarse, comprenderse y mantenerse sano o resolver los desequilibrios según surgen y no meses o años después.

A medio y largo plazo, la inversión de tiempo, energía y dinero en la salud preventiva es más rentable para la persona, al igual que la calidad de vida en la que se va a mantener. Claro que esto va en detrimento de aquellas instituciones, corporaciones, empresas y personas que viven de la enfermedad crónica y de la salud paliativa. Está en la consciencia de cada persona decantarse por un modelo de salud o por otro. Es cierto que en la salud preventiva hay que mantener una actitud consciente, responsable y activa, desarrollando hábitos físicos, emocionales y mentales sanos, mientras que en la enfermedad crónica y la salud paliativa la persona se vuelve pasiva, alienada, esclavizada, irresponsable. Quizás estas últimas palabras sean los objetivos a conseguir por ciertas instituciones y empresas que subordinan la ética a los beneficios, la salud a la enfermedad y la libertad a la alienación.

Es cada persona, en su fuero interno, la que tiene que decidir hacia dónde dirigir su vida, su consciencia y su salud. La cultura de la salud preventiva siempre ha estado presente en la historia de la Humanidad, sólo hace falta que cada vez más personas comprendan en lo más profundo de su corazón que, verdaderamente, “más vale prevenir que curar”.