Quizás un tema que pocas veces he mencionado sobre los pacientes es la cuestión del amor y el desamor, pero no son pocas las personas que llegan a la consulta de Noray en un estado de depresión, desesperación o tristeza por este tema. Amor y desamor son dos sentimientos que no siempre se saben afrontar de manera sana y, a menudo, dan lugar a muchos quebraderos de cabeza. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?, ¿se puede hacer algo?

Para empezar quiero plantear algunas premisas de partida que conviene tener en cuenta:

  • El amor y el desamor son dos sentimientos que muchas veces van de la mano.
  • Cada persona vive el amor y el desamor de una manera personal y diferente a las demás.
  • El juego del amor y del desamor tiene reglas y técnicas para jugarlo mejor y se pueden aprender.
  • No todo el mundo juega honestamente a este juego.
  • En el amor y el desamor, muchas veces, la experiencia es un grado.
  • Cuando llega el desamor toca elegir entre dolor y sufrimiento.

Podrían señalarse más, pero como punto de partida son suficientes, no se trata de abrumar…

El sentirse interesada por una persona no es algo que se dé siempre ni en el mismo grado, ni con la misma intensidad, ni por las mismas razones. Podría establecerse una escala de grados en el interés hacia alguien que sirviese para no confundir unos sentimientos con otros. La que yo suelo ofrecer es la siguiente:

Intensidad 1: atracción. “Esa persona me atrae”. Sensación de atracción energética, emocional, intelectual o física hacia una persona. Se puede entender la atracción como una sensación o emoción que hace que esa persona llame la atención destacando sobre el resto, aunque no siempre se sepa cuál es la causa.

Intensidad 2: gustar. “Esa persona me gusta”. Sería un sentimiento de mayor intensidad y cualidad que la atracción, en el que se pueden aunar varios factores y que hace que la persona no sólo provoque esa atracción, sino que haya un aspecto placentero-emocional al pensar sobre ella, verla, hablar con ella, etc.

Intensidad 3: enamorarse. “Estoy enamorada de esta persona”. El enamoramiento es un proceso neuroquímico que se produce en el cerebro y, por ende, en el resto del cuerpo, que provoca un estado alterado de consciencia y unos sentimientos de fuerte atracción y conexión con otra persona. Es un sentimiento que puede surgir como un flechazo o paulatinamente. La gran mayoría de las veces no dura más allá de dos años, transcurrido ese tiempo, el “chute neuroquímico” decae y se puede transformar en un amor o dejar de existir. En un porcentaje pequeño de parejas puede durar toda la vida.

Intensidad 4: amar. “Amo profundamente a esta persona”. Amar, referido a una pareja, es algo que va más allá de la atracción, del deseo, del gustar o del enamorarse. Amar es un proceso y un estado, es una actitud y un impulso, un surgir natural y un construir juntos. Es un sentimiento que, para que sea sano, ha de ser nutrido, cuidado y transitado en común y con voluntad consciente.

Entre estos grados e intensidades, se puede encontrar la mayoría de las experiencias en torno al amor. Ahora bien, cada persona lo puede vivir en función de una serie de cuestiones personales, muchas de ellas inconscientes. Hay quien se siente atraída por unos ojos azules y quien se derrite ante una sonrisa. Hay quien gusta de una conversación culta y quien gusta del silencio y lo misterioso. Como se suele decir, “sobre gustos no hay nada escrito”.

Hay personas que no saben diferenciar estos grados de cualidad o niveles de intensidad y que confunden unos por otros no sólo en sí mismas sino en los demás. Esto puede llevar a malentendidos y frustraciones. Hay personas que por falta de experiencia confunden, por ejemplo, gustar con enamorarse o enamorarse con amar. En este sentido, la vida va enseñando a diferenciar, pero cuando alguien sólo ha tenido una pareja en su vida o experiencias inadecuadas, puede que no tenga ni el bagaje ni la consciencia para diferenciar estas sensaciones, emociones y sentimientos.

Por último, hay que tener cuidado con la información que tanto la literatura como el cine y la televisión ofrecen en torno a estas cuestiones, pues en muchas ocasiones se trata el tema de manera idealizada o dramatizada según los intereses artísticos o comerciales, por lo que los modelos referenciados no han de ser tomados al pie de la letra. Sin embargo, hay numerosos estudios psicológicos, sociológicos y emocionales con suficiente grado de seriedad, honestidad y rigor como para ser tenidos en cuenta. Os invito a que profundicéis en el tema de manera sana y rigurosa, sin creeros lo que os vendan películas y novelas cuya finalidad es entretener y no necesariamente enseñar lo que realmente es el amor y el desamor.


José Antonio Sande Martínez

Terapeuta emocional y floral

Noray Terapia Floral